Introducción

Las empresas actualmente tienen como desafío esencial, desarrollar capacidades dinámicas como fuente de ventaja competitiva, en entornos caracterizados por alta complejidad e incertidumbre en los cuales las organizaciones interactúan con múltiples actores (clientes, proveedores, gobierno y sociedad) (Zapata, 2020). Sin embargo, gran parte de esta dinámica se ha abordado desde una perspectiva predominantemente económica, dejando en segundo plano la interdependencia entre los sistemas sociales y ecológicos aun siendo trascendentales en la sostenibilidad organizacional a largo plazo.

A estos mismos desafíos se enfrentan las micro, pequeñas y medianas empresas (MiPymes), incluso en algunas ocasiones con mayores desventajas en comparación con las grandes corporaciones debido a una comprensión limitada del entorno que no integra su naturaleza como Sistema Socio-Ecológico (SSE).

Desde esta perspectiva, el enfoque de los SSE ofrece un marco analítico que permite avanzar determinadamente en el entendimiento de que los seres humanos son parte de la naturaleza y que su bienestar depende estrictamente de la salud de los ecosistemas para así alcanzar una sostenibilidad de las dos partes: el sistema social y el ecosistémico (Cerón, 2019). Sin embargo, a pesar de su relevancia conceptual, su incorporación en el análisis organizacional particularmente en las MiPymes ha sido limitada.

En contraste, se observa una transformación en el comportamiento del consumidor, quien ha transitado hacia esquemas de mayor exigencia respecto a sus necesidades y, la forma de cumplir con estas no solo considerando términos de calidad, precio o servicio, sino también respecto a las prácticas éticas y ambientales que llevan a cabo las organizaciones.

Esta tendencia refleja que la conciencia ambiental ha cobrado mayor significancia en los últimos años, en donde el consumidor revela sus preocupaciones ambientales y cómo estás en muchas ocasiones rigen su comportamiento de decisión respecto a un producto y/o servicio en comparación de otro.

Por su parte, los empresarios, al implementar las estrategias organizacionales orientadas a enfrentar las problemáticas ambientales actuales (contaminación, cambio climático, pérdida de ecosistemas, entre otras), incrementan sus posibilidades de conseguir una ventaja competitiva que distinga a la organización. En este sentido, surge la interrogante que guía la presente investigación: ¿Comprender el entorno como un Sistema Socio-Ecológico permite a las MiPymes actuar de manera más oportuna frente a los elementos del sistema, en particular el ecológico?

La presente argumentación teórica emerge de un proyecto de investigación en proceso, y tiene como objetivo general: Analizar si la comprensión del entorno como un Sistema Socio-Ecológico permite a las MiPymes actuar de una manera más oportuna en relación con los elementos del sistema, en específico con el ecológico y, como consecuencia de ello lograr una ventaja competitiva.

El método utilizado incluyó la búsqueda en bases de datos académicas como Scopus, Redalyc y Google Scholar, considerando publicaciones en español e inglés. Los criterios de selección de los textos académicos incluyeron: i) pertinencia temática con las variables de estudio, ii) rigor académico (artículos arbitrados, capítulos de libros, tesis), y iii) claridad conceptual. Posteriormente, se llevó a cabo una revisión y análisis a fin de identificar las convergencias, vacíos y aportes teóricos que permitan sustentar la argumentación expuesta en el estudio y lograr la comprensión por parte del lector.

Las MiPymes bajo el contexto de sistemas socio-ecológicos

Comprendiendo las MiPymes

Las Micro, Pequeñas y Medianas empresas (MiPymes) pueden ser definidas y clasificadas a partir de diferentes criterios, ya sea el número de empleados, volumen de ventas, activos o bien con base en criterios propios de cada país. Sin embargo, a pesar de la complejidad que presenta el sector a la hora de definirlo y de la heterogeneidad que lo compone, existe un denominador común en cuanto a dos factores esenciales por un lado el lugar de relevancia que ocupan en la economía de los países y por otro la falta de visibilidad que estas empresas tienen en muchas ocasiones frente a las sociedades (Cabeza et al., 2022). Esta aparente contradicción evidencia una complejidad estructural, ya que, aunque las MiPymes son reconocidas como un pilar económico, su análisis y estudio suele ser de manera generalizada, sin profundizar en particularidades estructurales.

En este sentido, caracterizarlas como un universo heterogéneo de unidades económicas (López et al., 2014, como se citó en Cabeza et al., 2022) resulta insuficiente si no se problematizan las condiciones que determinan su desempeño. En el contexto mexicano, si bien las MiPymes son un motor de crecimiento para la economía y una importante fuente de empleo, enfrentan constantes retos, relacionadas con la falta de información, capacidades técnicas y recursos estratégicos lo que ha obstaculizado su crecimiento, competitividad y permanencia en el mercado (Rivera & Marcial, 2021).

Es una realidad que la globalización ha intensificado la necesidad de innovación en las organizaciones. No obstante, asumir que todas puedan responder en igualdad de condiciones a las exigencias del entorno resulta cuestionable, lo que coloca a micro, pequeñas y medianas empresas en una posición de desventaja frente a las grandes organizaciones.

No obstante, las MiPymes requieren desarrollar capacidades de adaptación, flexibilidad y de anticipación para competir en mercados cada vez más extensos, dinámicos y exigentes (López, 2018).

Desde esta perspectiva, entender los mercados como Sistemas Socio-Ecológicos (SSE) donde interactúan distintos subsistemas que, aunque operan de manera individualista, se encuentran interrelacionados entre sí, permite analizar dichas interacciones y lograr una comprensión más acertada del entorno en que las organizaciones subsisten, favoreciendo así una relación más equilibrada con los elementos del sistema.

Análisis de los Sistemas Socio-Ecológicos

El concepto de Sistema Socio-Ecológico (SSE) hace énfasis en la integración y estudio de las dimensiones social y natural como un sistema interdependiente con la finalidad de lograr un análisis profundo y más acertado de la realidad. Este enfoque implica reconocer que las dinámicas económicas y organizacionales no pueden analizarse de manera aislada a los límites ecológicos que prevalecen y condicionan a las mismas.

Los SSE se distinguen como escenarios complejos con elementos dinámicos y de múltiples relaciones, donde la resiliencia es uno de sus principales atributos. En este sentido, estos sistemas se configuran a partir de relaciones sociales, institucionales y de poder siempre teniendo dependencia de los recursos naturales que el entorno ofrece (Chontasi & Ortega, 2020). Reconocer esta dependencia de la sociedad en los recursos naturales permite generar mayor conciencia sobre la necesidad de gestionar dichos recursos bajo criterios de equidad y sostenibilidad, considerando la dinámica existente entre las comunidades humanas y los ecosistemas.

Si bien la literatura coincide en conceptualizar los SSE como sistemas complejos y adaptativos que integran dimensiones culturales, políticos, sociales, económicos, ecológicos y tecnológicos (Bardsley & Wiseman, 2016; Kopperoinen et al., 2017, como se citó en Cerón et al., 2019). Sin embargo, aún existe una brecha entre la conceptualización del enfoque y su aplicación para la toma de decisiones organizacionales.

En este contexto, percibir al entorno como un Sistema Socio-Ecológico abre una pauta para que las organizaciones logren concebir una visualización más objetiva del lugar donde tienen presencia y de las repercusiones que pueden tener sus decisiones sobre los elementos sociales y ecológicos con el objetivo de lograr relaciones más sanas y transparentes basadas en un comportamiento de ética que promueva un bien común entre los actores involucrados.

Elementos del Sistema Socio-Ecológico y servicios ecosistémicos

Uno de los principales retos en el estudio de los SSE consiste en comprender la dinámica de sus interrelaciones para clarificar su estado, ya que de ello depende la capacidad del sistema de confrontar fuerzas internas y externas que comprometen su funcionamiento (Chicaiza et al., 2021). En este sentido, los elementos que lo componen (culturales, políticos, sociales, económicos, ecológicos y tecnológicos) no deben estudiarse de manera aislada, sino como parte de una estructura interdependiente.

No obstante, en la práctica, el análisis de estos elementos suele ser deficiente, lo que limita una comprensión integral del sistema; esta deficiencia también puede ser observada en el mundo empresarial, donde las decisiones organizacionales tienden a priorizar indicadores económicos sobre los ecológicos, subestimando su interdependencia. Bajo este enfoque gestionar efectivamente las interrelaciones de los elementos con la empresa desde una comprensión sistemática establece pautas de conocimiento para de responder de manera más efectiva a las manifestaciones de riesgo que afectan a la humanidad y a su relación con la naturaleza (Chicaiza et al., 2021).

El concepto de servicios ecosistémicos es referente para el manejo teórico-práctico de los SSE, al evidenciar la dependencia de las actividades humanas respecto a los ecosistemas (Cerón et al., 2019). Su objetivo radica en visibilizar las problemáticas ecológicas en términos económicos, enfatizando en la dependencia de la sociedad en los ecosistemas naturales e impulsar un interés compartido en la conservación de la biodiversidad (Camacho & Ruiz, 2012; Costanza et al., 2017, como se citó en Cerón et al., 2019).

Dicho enfoque nace a partir de la exigencia de problemáticas ambientales que han adquirido mayor relevancia social, al visualizar la relación directa de la sociedad con los servicios ecosistémicos, así como su carácter limitado frente a procesos de deterioro progresivo.

Reconocer al entorno como un Sistema Socio-Ecológico adquiere especial importancia para las empresas, principalmente cuando las empresas se ubican en escenarios caracterizados por la intensificación de problemáticas ambientales, lo que requiere de implementar acciones orientadas a mitigar los resultados de sus procesos productivos que agudizan estas problemáticas y favorecer una relación más equilibrada con el entorno.

Las MiPymes frente a las problemáticas ambientales

A partir de la primera década del siglo XXI, los sectores productivos se consideran como uno de los principales causantes de la contaminación, lo que posiciona a la problemática ambiental como uno de los principales retos contemporáneos. No obstante, adjudicar esta responsabilidad de manera general al sector empresarial puede resultar superficial, debido a las diferencias en capacidades, recursos y niveles de incidencia. Aún así, el incremento exponencial de la contaminación evidencia la necesidad de una actuación por parte de la sociedad y, en particular, las empresas.

En este contexto, si bien algunas empresas con el paso del tiempo se han preocupado por estas problemáticas ambientales y han comenzado a implementar políticas ambientales para ayudar a combatir este fenómeno, su adopción no ha sido generalizada. Factores como la falta de conocimiento, limitaciones económicas o barreras técnicas han limitado su implementación, especialmente en el caso de las MiPymes (Mosquera & Sánchez, 2018). Esta situación evidencia que transitar hacia prácticas más sostenibles no depende únicamente de la voluntad empresarial, sino también de las condiciones que las empresas poseen para facilitar o limitar su adopción.

A pesar de estas limitaciones, la incorporación de la dimensión ambiental en la gestión empresarial es una necesidad inminente que las empresas deben hacerle frente por un bien común. En este sentido, las MiPymes no solo deben reconocer los impactos que generan, sino también comprender que el fortalecer su desempeño ambiental puede constituirse como un elemento estratégico que fortalezca su competitividad y capacidad de respuesta a las exigencias del entorno (EaP GREEN, 2015, como se citó en Saavedra et al., 2023). Para alcanzar una ventaja competitiva, existen muchos aspectos de mejoras internas y externas que la empresa puede alcanzar logrando con ello beneficios propios y para su entorno.

Dentro de los aspectos de mejoras internas en las MiPymes, la gestión ambiental preventiva emerge como un enfoque de acciones orientadas a reducir o evitar impactos ambientales durante el desarrollo del proceso productivo, en cumplimiento con la normativa vigente y con enfoque a la mejora del desempeño empresarial (González, 2021). No obstante, más allá de su implementación es necesario cuestionar el alcance de las estrategias, debido a que su eficiencia depende con la correcta integración al proceso operativo de la empresa y no únicamente a su adopción formal.

Estas acciones a su vez colaboran con la buena imagen corporativa de la empresa frente a la sociedad y permiten a la organización comportarse de acuerdo a la ética, respeto y concientización con relación al entorno donde subsiste. Entre las acciones que pueden implementar las organizaciones se encuentran la reducción de riesgos medioambientales, la disminución de residuos, el uso de recursos renovables, la inversión en restauración del entorno y la minimización de agentes contaminantes en los procesos productivos (Tapia, 2018).

Sin embargo, su aplicación no debe ser de manera aislada, sino como parte de una transformación de la forma de relacionarse por parte de las empresas con su entorno. Es a partir de las exigencias sociales existentes que ya no se limita únicamente a las cualidades del producto o servicio, sino a todos los eslabones en su cadena de valor, lo que refuerza la necesidad y urgencia de incorporar criterios ambientales en la gestión empresarial. Dicha situación, adquiere mayor relevancia en las MiPymes de México, debido a que representan el 99.8% de unidades económicas en México (Secretaría de Economía, 2024), por lo que los resultados de sus acciones son sustanciales para el entorno.

En tal caso, una empresa que actúa de manera responsable dentro del Sistema Socio-Ecológico no solo contribuye a la mitigación de problemáticas ambientales, sino que genera un impacto positivo frente a sus stakeholders, lo que puede traducirse en ventajas competitivas.

Ventaja Competitiva

La creciente atención hacia las problemáticas ambientales ha posicionado la responsabilidad ambiental como un elemento fundamental en la relación con los distintos stakeholders. En el contexto actual, los empresarios deben estar convencidos de que el éxito económico no solo se basa en implementar estrategias que busquen el aumento de beneficios financieros para propietarios y accionistas, sino también a la protección del medio ambiente y la contribución a la responsabilidad social (Lacruz, 2005, como se citó en Collantes & Giraldo, 2020).

La incorporación de la variable ambiental en las MiPymes, constituye una decisión de carácter estratégico, que puede influir en su desempeño y en la forma en que las empresas se posicionan frente a su entorno. Sin embargo, su integración no debe limitarse al cumplimiento normativo, sino al desarrollo de estrategias preventivas que eviten daños al medio ambiente y agreguen valor empresarial (González, 2021).

Bajo este enfoque, el que las empresas adopten el compromiso de cumplir con estrategias en cuidado del medio ambiente puede generar una diferenciació frente a su competencia; no obstante, para que este compromiso sea efectivo, debe involucrar a todos los colaboradores y consolidarse como parte de la cultura e identidad empresarial.

Cuando una organización logra una ventaja competitiva que le permita distinguirse en su mercado, esta difícilmente tiende a ser imitable.

En este sentido, al desarrollar una ventaja competitiva de carácter ambiental se busca que la empresa no solo logre una reducción de los costos en sus procesos mediante una producción eficiente y sostenible, sino también un mejor aprovechamiento de los recursos involucrados en el proceso productivo y los desechos originados por el mismo, o agregue valor al producto y/o servicio logrando una posición en el mercado basado en la conciencia social de los consumidores (Trujillo & Vélez, 2006, como se citó en Collantes & Giraldo, 2020).

El hecho de que una organización sea acreedora de una ventaja competitiva de carácter ambiental implica un proceso que requiere de tiempo, esfuerzos y compromiso, ya que no se trata de un resultado inmediato sino de una estructuración paulatina. Cuando esta se consolida, es posible reconocer que la empresa posee una cultura y ética responsable orientada a la atención de las problemáticas ambientales, lo que favorece vínculos de confianza y con aquellos stakeholders que se encuentren identificados.

Diversas empresas han comenzado a tomar acciones con la finalidad de adoptar una responsabilidad social y ambiental como parte de su estrategia competitiva, ya sea a través de la comercialización de productos más sostenibles, la prestación de servicios éticos o la implementación de políticas ambientales que respondan a las exigencias sociales. Sin embargo, la efectividad de estas acciones depende de su nivel de integración a la estrategia y objetivos empresariales, así como de los beneficios materiales que se traducen en reducción de costos. En tanto esto no se logra la sostenibilidad es una erogación sin ser ventaja competitiva (Al-Kahtani, S. M., et al., 2024).

En este sentido, las organizaciones que empleen estas dinámicas tienen mayores posibilidades de fortalecer su reputación corporativa, en la medida que se involucren activamente en la minimización de los impactos ambientales y en la generación de información transparente de sus procesos, lo que contribuye a la construcción de la credibilidad ante sus grupos de interés (Collantes & Giraldo, 2020).

Finalmente, asumir que las acciones de una empresa inciden directa e indirectamente en el Sistema Socio-Ecológico permite replantear el papel de las empresas que, al margen de ser agentes económicos, son actores que participan activamente en la creación de un entorno más sostenible y equitativo.

Conclusiones

En el presente artículo se analizó la importancia de que las MiPymes comprendan su entorno como un Sistema Socio-Ecológico, partiendo del reconocimiento de los distintos elementos que lo integran y de la necesidad de que la empresa actúe en función a estos, y no de manera aislada.

Las MiPymes contribuyen indudablemente en el fortalecimiento y crecimiento de la economía sumado a ello generan un impacto positivo en la vida social de su entorno; sin embargo, se desenvuelven en un contexto global caracterizado por una creciente competitividad y exigencias constantes de innovación, lo que pone en evidencia la necesidad de fortalecer su capacidad de adaptación.

En el presente artículo se enfatizó en el componente ecológico y los servicios ecosistémicos, los cuales han adquirido mayor interés en un escenario caracterizado por una creciente crisis ambiental que no solo requiere de atención, sino de acciones concretas. En este sentido, reconocer al entorno como un Sistema Socio-Ecológico el cual es complejo y adaptativo, permite a las MiPymes ampliar su comprensión del contexto donde operan, y con ello, mejorar su forma de actuar con relación a sus distintos elementos.

Asimismo, aquellas empresas que reconozcan los beneficios derivados de los servicios ecosistémicos no solo para la sociedad, sino también para su propia operación, manifestarán mayor interés en las problemáticas ambientales e implementarán acciones orientadas a reducir los impactos derivados de sus procesos.

En este marco, la adopción de una perspectiva socioecológica puede contribuir a que las MiPymes sean percibidas de manera más favorable por la sociedad, generando diversos beneficios entre ellos, se encuentra la posibilidad de desarrollar una ventaja competitiva. Dicha ventaja permite a la empresa diferenciarse ante sus competidores fortaleciendo la relación con sus consumidores; sin embargo, su sostenibilidad en el tiempo dependerá en gran medida de la coherencia entre sus prácticas y las necesidades del entorno.

En consecuencia, integrar un enfoque socioecológico no solo representa una visión analítica, sino una condición que se torna cada vez más necesaria para la permanencia y competitividad en las MiPymes en contextos complejos.

Referencias

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