Introducción
Cuando nos referimos al ámbito educativo, generalmente nos enfocamos a la metodología de aprendizaje enseñanza de los estudiantes y para que esto se pueda lograr se necesita un trabajo respaldado de compromiso, acompañamiento y conocimiento de parte de los docentes, sin embargo, como sociedad no se ha reflexionado la importancia de un profesor en la formación de un alumno. La enseñanza está desvalorada y por tal motivo no le damos prioridad a los formadores de ésta misma.
En la universidad hay una preocupación por el cuerpo docente, en la interacción con la producción y la difusión del conocimiento, dejando a un lado el aspecto emocional (Álvarez-Bolaños, 2020, p. 389) para poder enseñar primero se necesita fortalecer las propias competencias y habilidades y el autoconocimiento basado en el manejo de emociones.
Las competencias necesarias para un buen desempeño de cualquier docente es importante poder conocernos, en el ámbito de la docencia desde un punto de vista cognitivo y afectivo para que podamos emprender el camino de la transferencia del conocimiento y enseñanza, pero ¿cómo lograr este paso tan importante? Primero se tendría que comprender las emociones que dirigen nuestro comportamiento dentro del aula de enseñanza (Bustamante-Quintana & Elera-Castillo; 2023, p. 2).
Las emociones son sentimientos del individuo y de corta duración incorporando en lagunas ocasiones elementos afectivo, cognitivos:
Los profesores deben reconocer que la emoción cambia durante el proceso de formación, de manera que a medida que un estudiante siente más o menos control del proceso, adquiere más experiencia o aumenta el grado de dificultad, es necesario realizar ajustes en su práctica de enseñanza. (AnzelIn et al; 2020, p. 54)
Las emociones se asocian a las reacciones afectivas de aparición repentina, de gran intensidad, de carácter temporal y con cambios sostenibles en el cuerpo, que se manifiestan siempre como reacción a una situación de emergencia o ante estímulos sorprendentes o intensos. Están relacionadas con la biología y son controladas por las formaciones subcorticales. (Pinedo-Cantillo & Yáñez-Canal, 2020, p. 204)
El docente puede gestionar estas emociones y todo lo que conlleva con su asociación interna y externa en el aula junto a la relación directa con los estudiantes, antes de poder impartir un conocimiento, una de las tareas principales es la capacidad de interactuar con los estudiantes mediante una comunicación clara y un acercamiento honesto para dar la instrucción, esta asistencia implica un gran compromiso, no sólo porque se puede lograr la transformación del estudiante mediante el conocimiento, de esta forma es que podemos comprender y percibir las emociones que nuestros alumnos manejan; ¿cómo se pueden visualizar las emociones de los estudiantes si el docente no es capaz de conocerse como persona y como profesional debido a que no reconoce sus propias emociones y su gran capacidad para gestionarlas y controlarlas?
Emociones en el ámbito educativo
En el contexto de la educación, es importante destacar que las emociones son esenciales en el proceso de enseñanza-aprendizaje:
En el ámbito escolar los procesos de enseñanza y aprendizaje van de la mano con una misma finalidad y tiende a ser de manera individual, en este sentido, la educación tiene un papel importante en donde el alumnado, profesorado e incluso las familias juegan un rol primordial. De acuerdo con Lara-Coronado, 2019, p. 89) para que sea exitoso, no alcanza únicamente con que la alumna y el alumno [sic] memoricen aquello que se le enseña. Para adquirir un conocimiento requiere de un alcance en lo emocional y cognitivo, sobre todo la motivación como parte esencial para el éxito. (Delgadillo-Sustaita & Villagrán Rueda, 2022, p. 3)
Por ello hay que entender de dónde viene la conformación de la identidad personal del docente. “Abordar la educación emocional como un proceso de aprendizaje podría ampliar las diferentes perspectivas dentro del ámbito educativo, en relación a [sic] desarrollar y emplear estrategias para la resolución de problemas.” (Delgadillo-Sustaita & Villagrán Rueda, 2022, p. 2)
Por tanto, dicha identidad profesional está conformada desde las emociones, creencias, valoración y conocimiento (componente interno) así como del contexto sociocultural, político, educacional y laboral (componente externo) referente a lo que se puede considerar autoestima y bienestar personal y social, alineado al manejo de las emociones del docente como parte importante para que se pueda transmitir el conocimiento de una forma más fluida para el estudiante.
Para que exista un conocimiento didáctico del contenido es necesario incluir la emoción para generar procesos de aprendizaje efectivos. De modo que si un profesor es consciente y reflexivo sobre las emociones que genera su materia, en un contenido o en su propia forma de enseñar generará procesos efectivos de aprendizaje en sus estudiantes, evitando obstáculos y limitaciones en dicho proceso. (Anzelin et al; 2020, p. 51)
Esto habla de un autoconocimiento y de la responsabilidad que debemos de tener con ello. Si uno está consciente del conocimiento y manejo de las propias emociones podrá decidir las acciones que podrían beneficiar para sí mismo y para su entorno.
Fernández-Berrocal (2023, p. 16) Indica que las emociones son esenciales en el proceso de enseñanza-aprendizaje por dos motivos: primero, porque la educación supone la interacción entre individuos; y segundo, debido a que la identidad personal y profesional de los profesores suele ser indivisible y se transforma en el aula en elementos que ejercen influencia sobre el bienestar social y personal, así como sobre la autoestima (p. 356).
Las emociones no solamente nos ayudan a interactuar con nuestro entorno, también nos fortalece a nivel personal y ello genera un crecimiento en la seguridad del individuo, en este caso del docente, sin embargo, todo inicia desde una gestión propia de las emociones.
Conocer las propias emociones
Se refiere al reconocimiento de los sentimientos mientras suceden, donde los alumnos y docentes tienen una mayor certidumbre a sus sentimientos y la forma en que los expresan o influyen en el proceso de enseñanza, lo cual aumenta el aprendizaje significativo en estos y hay mejora en sus competencias para la vida, la conciencia de las emociones en los alumnos y docentes que tienen esta capacidad mejoran el proceso de enseñanza contribuyendo a una mejor interrelación entre estos.
Reconocer emociones en los demás
La habilidad de la empatía se basa en la adaptación a las señales sociales que indican lo que otras personas necesitan, este eje es fundamental en el proceso de enseñanza-aprendizaje en el aula y fuera de ella, ya que en este momento histórico el proceso de enseñanza aprendizaje también se da en ambientes virtuales donde expresar las emociones se ha vuelto clave para la mejora en esto.
Manejar las relaciones
La habilidad de manejar las emociones para comunicarse efectivamente con los demás, se encuentra relacionado al liderazgo y a la eficiencia interpersonal, donde los alumnos que se destacan en esto son personas a quienes se les facilita las relaciones con su entorno.
Cada uno de estos ejes se pueden presentar de manera individual o conjunta en el individuo, en algunas ocasiones algunas personas podrán presentar esa facilidad para relacionarse con su entorno de una manera efectiva mientras que al mismo tiempo tenga que trabajar con otras habilidades como la empatía, todo dependerá del trabajo con que se dedique a esta tarea día con día y cómo el docente puede regularlas de acuerdo con sus propias necesidades en el aula de enseñanza-aprendizaje.
Modelo de competencias
Bisquerra (2010) habla sobre un modelo de competencias con 5 elementos referente a las emociones:
Conciencia emocional. Identificar emociones.
Regulación emocional. Tener la habilidad identificar emociones, emplear las emociones de manera apropiada, ser conscientes de la relación entre la emoción, el comportamiento y la cognición y contar con buenas estrategias para afrontar problemas.
Autonomía emocional. Se refiere a la autogestión emocional.
Competencia social: comunicación afectiva, respeto, actitudes prosociales, asertividad, respeto a los demás.
Competencias para la vida y el bienestar. Se fijan objetivos adaptativos, se toman decisiones, se busca ayuda y recursos, bienestar.
El análisis de las emociones se da desde diferentes modelos y puntos de vista (Patiño-Barragán, 2021, p. 137) todos ellos nos llevan a la comprensión de las emociones desde el autoconocimiento a partir del establecimiento de un objetivo muy claro de introspección y relación hacia nuestro contexto, basándose en la percepción del entorno, su relación con el ambiente y la respuesta que pueda tener ante ello, fortaleciendo habilidades y competencias que nos llevarán a una gestión más efectiva en cuanto al manejo de las emociones en cuestión.
Si todo esto lo aplicamos en la docencia estamos considerando “que la enseñanza es reconocida como una de las tareas profesionales más estresantes, la utilización de habilidades de regulación es indispensable y sumamente recomendable” (Fernández-Extremera, 2005, p. 71) ya que a partir de ello se podrán generar acciones específicas con otro nivel de conciencia generando un resultado positivo en el entorno. Fortaleciendo así una propia autoevaluación y establecimiento de cambio de acciones en caso de ser necesario.
Método
La metodología que se utilizó se basó en la consulta y revisión de fuentes de diferentes artículos científicos y algunos libros relacionados al objeto de estudio con un componente descriptivo.
Perspectiva
A través de la información obtenida en los artículos científicos previamente citados, se realizaron diferentes investigaciones sobre la importancia que tiene la gestión de las emociones en la labor docente para poder tener un desempeño óptimo y deseable en el actuar de la enseñanza aprendizaje dentro de un aula académica, por ejemplo la investigación cuantitativa y cualitativa en diferentes colegios y universidades, con muestras representativas de hasta 196 maestros, aplicando diferentes herramientas de evaluación para poder profundizar en cómo los docentes manejan sus emociones dentro del aula académica para sus procesos de enseñanza aprendizaje, esto se obtuvo a través de la aplicación de una herramienta de evaluación denominada TEIQue-SF (Trait Emotional Intelligence Questionare-Short Form), [https://www.psychometriclab.com/adminsdata/files/The%20TEIQue-SF%20v.%201.50.pdf] (Torres-Coronas & Vidal-Blasco; 2019, p. 112). Se enfoca en el autoconocimiento y adaptación que puede tener el docente en su enseñanza, enfatizando la autoconciencia y reflexión misma del individuo. Otros han encontrado que, a través de la inteligencia emocional, un individuo puede tener dominio de sus emociones mediante la motivación interna, de un reconocimiento propio y de cómo se relaciona con los demás, llevando todo esto a sus propios hábitos de trabajo.
El sistema educativo representa un factor determinante para el desarrollo del bienestar emocional mediante la formación de sus ciudadanos en medio de una concepción integral de la persona humana (Sanmartín-Ureña & Tapia-Peralta, 2023, p. 1400), donde se prioriza la formación personal, cultural y social basada en la dignidad, derechos y deberes. Resulta importante hablar de calidad mediante un sistema educativo donde es posible promover competencias de aprendizaje y comunicación en medio de una democratización del conocimiento y la apertura de habilidades personales y sociales que favorezcan una inclusión integral dentro de la sociedad.
El aprendizaje y las emociones pueden ser entendidos como un ejercicio integral de reflexión que brinda un acercamiento a la calidad de los sistemas educativos, centrado en un proceso de enseñanza-aprendizaje con el objeto de mejorar constantemente la acción didáctica y, en consecuencia, convirtiéndose en una herramienta de retroalimentación que permite el mejoramiento y formación de planes, proyectos y políticas que priorizan tanto la realización como la consecución de la investigación e innovación pedagógica, siendo éstos los ejes articuladores de una calidad educativa que nutra y dote de sentido los escenarios de aprendizaje. (López-Cassà & Bisquerra-Alzina, 2024, p. 3)
La calidad comúnmente ha sido asociada con la capacidad del sistema educativo de enseñar, sin embargo, ello depende de las emociones para transmitir conocimientos y la importancia de desarrollar habilidades, conocimientos y valores que permitan que los estudiantes tengan la capacidad de entender e incidir en las dinámicas del ambiente donde se desenvuelven, lo cual es una invitación para entender la calidad como un proceso de gestión del aprendizaje, currículo y administración que promueva el cambio social a partir de la consideración sobre los problemas del contexto. (Martínez-Ordoñez & Rodríguez-Medina, 2024, p. 500)
La educación resulta de una tarea compartida con las emociones desarrollada en un sistema que cuenta con la interacción de múltiples actores que alimentan su contexto dentro de un proceso de organización y participación, de manera que no es posible pensar a los estudiantes, docentes y directivos en la escuela sin un programa y sistema educativo que sostenga su quehacer en medio de una interacción simbólica y sistémica (Delgado Palma et al., 2025, p. 194). Para fortalecer la calidad educativa, no es suficiente la aplicación de evaluaciones aisladas de un contexto y de los actores que participan de él, es necesario que exista un diálogo donde todos formen parte de un mismo ejercicio de acción y reflexión de análisis, en el sistema educativo las emociones resultan en una herramienta que posibilita establecer debilidades y fortalezas para la implementación de planes, proyectos y políticas que prioricen la realización y consecución de la investigación e innovación pedagógica como eje articulador de una calidad educativa que nutra y dote de sentido los escenarios de aprendizaje.
Conclusiones
El manejo emocional en el docente constituye un componente para la eficacia del proceso de enseñanza-aprendizaje influyendo en la dinámica en la calidad del clima educativo y en la construcción del bienestar docente y estudiantil, el rol emocional del profesorado ha sido históricamente subestimado pese se sustenta en competencias cognitivas y didácticas y una identidad profesional profundamente marcada por emociones, creencias y experiencias personales.
El autoconocimiento emocional es la base del docente que regula sus respuestas y sostiene interacciones saludables y media en la construcción de aprendizajes, Bisquerra (2010) destaca que la conciencia emocional, la regulación afectiva, la autonomía, la competencia social y el bienestar constituyen competencias de la formación inicial y continua del profesorado, la docencia es una de las profesiones con mayores índices de estrés, por lo que la regulación emocional favorece el logro académico y regula el desgaste profesional.
Las emociones son un eje articulador del aprendizaje, la motivación, la atención, la memoria y el pensamiento crítico se ven mejorados cuando el docente promueve experiencias emocionalmente, indicando que el profesorado reconoce sus emociones desarrolla empatía e interpreta las de sus estudiantes, facilitándolas estrategias didácticas y el acompañamiento socioemocional.
La inteligencia emocional en el docente está se vinculada con la calidad educativa y ambientes de confianza en toma de decisiones pedagógicas, la gestión emocional es una competencia profesional que impacta la calidad educativa, la inclusión, la convivencia escolar y el desarrollo integral del estudiante
Hablar de educación y el manejo emocional de los docentes en el proceso de enseñanza aprendizaje es la creación de espacios y proyectos que permitan un crecimiento continuo y así enfrentar los nuevos desafíos de una sociedad cada vez más compleja, plural y globalizada donde las nuevas generaciones cuestionen el accionar del pasado alterando los esquemas habituales de transmisión de principios, valores y conocimiento. Se propone que en el mapa curricular de las carreras relacionadas a la docencia y/o pedagogía se integren materias que den las herramientas necesarias para que los docentes en formación en su práctica futura profesional lo implementen, tales como educación emocional.
Es habitual que los jóvenes de hoy, al vivir en una realidad relativa y cambiante no recurran a las emociones para el aprendizaje, quedando la insatisfacción de no poder estudiar en profundidad lo que llegó como novedoso ya que rápidamente queda fuera de la realidad. Esta forma de vida tan vertiginosa hace que algunos de los antiguos referentes sociales como familia e instituciones educativas carezcan de la representación que les solía brindar.
Esta nueva conceptualización debe identificar metodologías que posibiliten convertir las instituciones educativas en espacios de solidaridad, equidad y libertad con la participación de todos, especialmente de los jóvenes, cada individuo atribuye significado a los conocimientos que adquiere gracias a las relaciones con los sujetos que conforman los espacios sociales y por ello lo individual se comprende en el conjunto y el conjunto se comprende desde o individual.
Sin un «nosotros» en el dúo docente-alumno, las emociones quedan desplazadas del centro de su aprendizaje, implementar dicha relación genera desafíos en beneficio de una “cultura de encuentro”, que requiere aptitudes y valores que en ocasiones se entrelazan a la perfección con los principios que sustentan la metodología de la indagación apreciativa y que se desarrollan en sus distintas fases resaltando lo siguiente:
La escucha como elemento necesario para el diálogo. Tratar de comprender la posición, conocimiento y planteamiento de las ideas “del otro”. Este aparentemente acto sencillo nos recuerda al principio dialógico del pensamiento complejo.
El valor de la humildad, cada vez más demandada desde el ámbito de la gestión de las organizaciones, es consecuente con la implementación de la empatía, amabilidad, constancia, paciencia y decisión. Tanto para lograr un pacto educativo global como para lograr una transición como la que puede realizarse gracias a la indagación apreciativa, enfocada en un nuevo modelo de gestión educativa, son necesarias estas características. Cada institución debe moverse desde su particular punto de partida, al ritmo que permita la institución y con la esperanza de lograr mejoras que provienen de su núcleo interno.
Movilizar a las bases: la educación involucra a distintos actores, para generar un cambio es necesaria la participación de todos los actores que se encuentran comprometidos con la organización de un sistema, todas las opiniones, propuestas y toma de decisiones son válidas si son propositivas. Este es uno de los principios fundamentales de la metodología generativa.
El sentido de actuar y corregir el rumbo mientras caminamos: Implícitamente se hace alusión a que no podemos continuar bajo las viejas ideas de paradigmas positivistas de causa-efecto. La gestión educativa es entendida actualmente como un efecto de recursividad donde entran en juego las ideas de autoproducción y autoorganización.
Se deben realizar cambios estructurales para cumplir la misión educativa que propone iniciar procesos de transformación a medio y largo plazo donde el adecuado uso de la tecnología evite brechas sociales, situando a los jóvenes en el centro de una educación entendida como acto de aprendizaje y servicio hacia los demás, ayudando a paliar los graves problemas medioambientales. Ello se puede lograr conviviendo en el proceso de enseñanza aprendizaje, destacando la inclusión de las emociones.
Referencias
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